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sábado, 8 de mayo de 2010

Mi puerta abierta/Las aguas inquietas de Sam Mendes


“Shakespeare es el mejor comunicador de la humanidad que hemos conocido hasta ahora. Han pasado cuatrocientos años desde que se estrenó por primera vez esta obra y todavía nos aporta cosas nuevas por descubrir. Elevarse a la altura de su texto es lo que te pide el autor. Con Shakespeare nunca es suficiente lo que haces, siempre tienes que dar más”, decía anoche el actor Anthony O´Donnell en el encuentro que sostuvo el elenco de The Bridge Project con el público, luego de representar The Tempest en el Teatro Español.

La tempestad que plasma la dirección de Sam Mendes sobre el escenario, amalgama de sentimientos expresados con naturalidad, cierto aire frenético que circula por momentos y espeso halo de desesperación en otros, acaban por cautivarte en la butaca aunque también perturban. ¿Estaremos condenados a entendernos los humanos, a amarnos, traicionarnos, dominarnos unos a otros y otras? ¿Estaremos condenados a vivir en un exilio mágico y delirante, poblado en nuestra imaginación de elfos e islas habitadas por fantasmas? ¿Estaremos dispuestos a lidiar con nuestro propio espíritu y liberarlo? El Próspero de Sthepen Dillane lo da todo y puedes empaparte de su ira, su necesidad de venganza, su compasión y su resignación ante la muerte. Semejante caracterización no sería lo que es si no contara con la complicidad de su sombra, el espíritu Ariel, interpretado también magistralmente por Christian Camargo. Ambos actores comentaban anoche que durante los ochos meses de ensayo trabajaron con la técnica de la transferencia de Anne Bogart. La relación entre los dos personajes funciona como un juego de espejos: “Próspero tiene algo de Ariel y Ariel de Próspero. En todas las relaciones humanas pasa que nos vemos en el otro al interaccionar, al implicarnos” confesaba Camargo, reflexión que Dillane culminó: “No eres libre si no eres capaz de perdonar a los otros y a ti mismo. Próspero libera al espíritu y se libera a sí mismo. Creo que Shakespeare concibió un cuento de hadas, no un drama moral. De alguna manera nos está diciendo que la vida es imposible”.

Puedes percibir lo inasible de la vida en esta puesta además de una complicidad entre los elementos que hacen armoniosa una función de teatro, entre ellos la música, representada como un personaje más sobre el escenario, ejecutada por Shane Shanahan, quien contó al público que Mendes le pidió que formara parte de los ensayos de actores para que la música pudiera fusionarse con la obra. La actriz Juliet Rylance estuvo a la altura de las circunstancias, desplegó una Miranda apasionada, convencida de sus sentimientos y de lo que quería. El personaje femenino sobresale por su estereotipo ancestral, su único destino permitido es el matrimonio y el amor. Rylance explicaba que su Rosalind, de As You Like It que deslumbró la semana pasada en el mismo teatro, “separaba sus sentimientos de su mente mientras que Miranda es todo lo contrario, se deja llevar por lo que dictamina su corazón”. Espero con ansías la próxima propuesta de Sam Mendes, su teatro es “orgánico”, coincidían los actores. Está vivo. Es arte en movimiento.

lunes, 3 de mayo de 2010

Mi puerta abierta/Mejor imposible


Para el crítico canónico Samuel Johnson, la exquisita imaginación de Shakespeare revela nuestra total incapacidad para vivir el momento presente. Harold Bloom agrega a esta idea: “Lo que Johnson se niega a decir, pero está implícito, es que renunciamos al presente porque debemos morir en un momento presente”. El teatro de Shakespeare nos sumerge en esa metáfora y la vida se redime en el arte si la representación de la obra alcanza la perfección. Fueron tan vibrantes las resonancias que sentí el otro día, después de ver As You Like It, interpretada por la compañía The Bridge Project, dirigida por Sam Mendes que se presenta estos días en el Teatro Español, que espero con ansías ver The Tempest. Las dos obras fueron diseñadas y concebidas por Mendes “en un solo gesto, como un único viaje”.

El destierro une a ambos argumentos del viaje. En el caso de As You Like It, el bosque es el lugar por el que deambulan los personajes, unidos y separados por la búsqueda y el reconocimiento del otro. La ambientación, la iluminación y la música convergen en una puesta en escena delicada y sobria y el texto y la cadencia actoral tienen un protagonismo superlativo ante su público. Mendes dialoga con el genio del escritor, lo enaltece y nos lo muestra en su capacidad de cuidar hasta el más mínimo detalle con los episodios de lucha, la coreografía musical, el vestuario y el sonido. Del elenco, sobresale Juliet Rylance en la piel de dos personajes, Rosalind, la hija del Duque desterrado y un joven. La mujer se escabullirá adoptando otra identidad sexual para estar más segura en el bosque, aunque Shakespeare permite tantas interpretaciones que hasta podríamos analizar el personaje ambivalente desde el concepto performatividad de Judith Butler. Durante las dos horas y media que duró la obra, percibí a su personaje real, vivo, de esta época y de todas las épocas. Los demás actores también daban la talla pero siempre hay alguno o alguna con el que te identificas o te compenetras de una forma más íntima. A ver qué nos depara Rylance con su Miranda en The Tempest y en el encuentro con el público el próximo viernes después de la función.

Me molestó leer el otro día en El Cultural, de El Mundo (en realidad casi siempre que leo ese periódico me surge algún tipo de malestar) los comentarios de Luis María Anson sobre la ópera Salomé que se presentó el mes pasado en el Teatro Real. Anson no hace crítica sino que opina pero la crítica y la opinión son géneros distintos aunque a veces se confundan. ¿Cómo se atreve a decir que Richard Strauss no está entre los más grandes de la ópera? Dice que la puesta del director de escena, Robert Carsen fue anticuada. Evidentemente la subjetividad es la que articula nuestro pensamiento y expone nuestras ideas preconcebidas de las cosas. Mientras que a Anson la danza de los siete velos le pareció cutre a mí me pareció sublime y actual, representativa de esta época, con viejos asquerosos, decrépitos que se desnudan en un burdel improvisado para deglutir a una joven Salomé desprovista de sensualidad. ¿Qué puede tener de sensual que una mujer sea un objeto erótico para su padre?, que además se viste igual a su madre, con el mismo vestido y la misma peluca y luego le roba un beso sáfico. Por cierto, el detalle de colocar a Herodías con una cámara de video, filmando la escena de la danza para una futura película porno, todo esto escenificado en la bóveda de un casino de Las Vegas, donde están las cajas de seguridad en las que se guarda la cosecha de la usura…Esa “triste escenografía menor” según Anson, está cargada de una rica simbología y da cabida a diversas y entusiastas interpretaciones desde el feminismo, el psicoanálisis, la filosofía, los medios de comunicación. Anson escribirá desde el Olimpo de la Real Academia Española pero pareciera que lo hace desde las catacumbas del anacronismo y la precariedad simbólica.